martes, 5 de marzo de 2013

Addio

Puedes negarlo tantas veces como quieras. Puedes, incluso, negártelo a ti mismo. Pero lo cierto es que la ves y, al mirarla fijamente, apenas logras reprimir el deseo de abrazarla estrecho, fuertemente. El deseo de sentirte tan dueño suyo que su corazón parezca latir dentro de tu pecho, junto al tuyo.

Puedes repetirte cada mañana que no sientes nada, que no te importa lo que haga. Pero la verdad es que si la tienes al lado tus manos se mueven solas, tus dedos la aprietan, y en un segundo de lucidez o de ceguera absoluta, te sorprendes agarrando su mano mientras le hablas y la duda asoma en tus ojos obligándote a sacudirla de tu cabeza, a cambiar de tema, a alejarte de ella.

La realidad es que, sin saber por qué motivo, ha aparecido en tu vida, se ha ido introduciendo en ella y sin darte(se) cuenta se adueña sin piedad de cada segundo de tus días. No hay razones para ello, pero si te paras a pensarlo, ¿cuántas horas pasas sin verla?, ¿sin pensarla?, ¿sin nombrarla? ¿cuántos minutos de tus días no son suyos?

Repitete a ti mismo que no es cierto, que sigues siendo dueño de tus decisiones y que ella no te influye. Convencete de que lo que sientes es lo normal, que no tiene ningún otro significado. Duerme tranquilo cada noche autoconvenciendote de que las reacciones que has tenido, y de las que tu mismo te has percatado en su presencia, son las convencionalmente aceptadas como naturales.

Tarda cuanto desees en admitir que no soportas imaginarla con otro, que cada día sin verla es un suplicio, que tu necesidad de saber de ella no es normal. Intenta no admitir que solo deseas decirle que eres suyo. No pienses que, quizás, cuando consigas sacudirte la cobardía que te envuelve como una telaraña y te impide ver la realidad, buscarás su sonrisa entre las demás como hacías siempre, pero esta vez sabiendo por qué necesitas su aprobación y no la de otro, y entonces, probablemente, te darás cuenta de que ella ya no esta, que no espera tu mirada como hasta entonces. Porque ella ya sabía mucho antes lo que sentía. Porque ella tenía claro desde el principio que parte de si misma se había hecho tuya y lo aceptó esperando que tu fueras capaz de hacerlo también, decepcionándose cada día al ver como te negabas a abrir los ojos. Llegando a la conclusión de que la equivocada era ella. Y en el momento en que tu admites que no hay nada que hacer y que los ojos hay que abrirlos en algún momento, a ella le ha ocurrido lo mismo y ha decidido cerrarlos.


¿Por qué nos ocurre esto tantas veces? ¿Por qué nos resultan mucho más fáciles las relaciones esporádicas, insustanciales e irrelevantes? ¿Por qué resulta tan complicado admitir que alguien se ha adueñado sin previo aviso de nosotros y que apenas somos la mitad de nosotros mismos cuando no lo sentimos a nuestro lado?

lunes, 4 de marzo de 2013

Cuaderno de bitacora

Me dedico a soplar niebla
que los bichos están ahí
que prometen almohadas
te las dan por las dos caras
quieren jugar con la boca
de sangrar, de no latir

(Capitan cobarde, Albertucho)
 
  Supongo que es inutil que niegue que en estos últimos meses mi vida se ha visto de repente alterada por numerosas corrientes de agua que me empujan, me atropellan y me revuelven en un mar pocas veces en calma. Supongo que es más inutil aún negar que me encanta. 
 
  Desde pequeña he tenido siempre la manía de sumergirme bajo el agua cuando las cosas no estaban bien, parece que en la bañera, cuando el pelo se separa de la nuca para acariciarte suavemente el breve espacio de tiempo que controlas la respiración y solo alcanzas a oir el goteo regular del grifo, cada gota que cae se lleva con ella y diluye en el agua alguno de tus problemas. Y así, plof... 1... plof... 2... desaparecen uno a uno en una muerte tan rápida y al mismo tiempo tan tranquila e indolora que parece limpiarte por dentro. 

  Apenas logro ahora imaginar mis días sin la fuerza de esas corrientes que me arrastran en un mar al que poco a poco voy conociendo. Los escollos aparecen y desaparecen con una rapidez tal que nos obligan a reducir la velocidad y en, determinadas ocasiones, a veces incluso, a frenar y echar el ancla mientras buscamos un nuevo caudal que nos conduzca a pequeño remanso de paz.

  Y sentada bajo la cascada logro dejar de escuchar los gritos que mi cabeza decide dar en mi interior. Ya no se oye nada. Ya no hay nada más. El estruendo del agua que cae a mi alrededor, que choca en mi cabeza y resbala con fuerza tras golpearme los hombros me envuelve, me abraza, se apodera de mi y dejo de ser yo por un momento fundiendome con las rocas de mi alrededor. 

  Los vientos incontrolables que acompañan este mar desconocido nos empujan cada día cambiando nuestro rumbo. La inutilidad de tratar de imaginar dónde acabará nuestro viaje lo hace, a medida que avanza el tiempo, más atrayente, podría decir que mágico. No hay tierra a la vista, pero los bancos de arena se suceden y no es rara la vez que hemos temido encallar.
 
  Mojando los pies en una arena que se disuelve con tocarla voy avanzando y dejo que el agua cubra mis tobillos consiguendo que cierre los ojos un instante. Dejo que llegue a las rodillas rapidamente, y empiezo a frenarme en el avance. El ombligo... la cintura... el frío me recorre la columna vertebral cuando el agua alcanza la cruz en la nuca. Y en un escalofrío que me despierta tomo aire, aprieto los ojos y todo se esfuma a mi alrededor mientras encallo los pies y me fundo con las algas. 
 
  He de reconocer que no son pocas las veces que hemos temido el naufragio. Las tormentas se suceden, y con ellas el oleaje se levanta y nos balancea  tan fuerte que el agua se cuela por la borda y comienzan, si hay fuerzas, las operaciones de salvamento y achicaje. 

  Cuando los estertores de los pulmones me hacen volver a la realidad y me recuerdan que el oxigeno me resulta, desgraciadamente, algo absolutamente necesario comienza la lucha por alcanzar la superficie que se adivina más allá, sobre mi cabeza. 
 
  Y si el barco se hundiera... No puedo evitar temer que ocurra e incluso amenazar con la terrible evidencia al resto de la tripulación si no lo han hecho ya antes.

  Y es cuando logro salir, con la bocanada de aire que se mezcla con las gotas saladas que salpica mi pelo y me resbalan por la cara metiendose en la boca y recorriendo la garganta, cuando veo que ni siquiera el sabor amargo logra parecer desagradable. Y mietras voy andando hacia la orilla, con el pelo aún goteandome en la espalda y la sal que se me pega en todo el cuerpo, ya no hay nada que haga que desaparezca el hoyuelo en mi sonrisa. Ya no hay nada que no me haga creer que, si el barco se hundiera, estaremos ahí para levantarlo.
 


miércoles, 27 de febrero de 2013

I Carta a X

"Sin darnos cuenta de pronto caemos en que las cosas no son siempre como nos hubiera gustado, de pronto quien te hacía sonreir cada mañana parece haberse convertido en alguin tan aburrido, insipido e insustancial que, por mucho que trates de recuperar esa sensación, ya puedes chutarte algo, que no vuelve." 

"Caemos entonces en una apatía tal que apenas nos reconocemos nosotros. Al menos a mi me ocurre. Supongo que cuando creo haber encontrado a esa persona, es como la gravedad, pero ya no es la tierra la que me sostiene, todo gira entorno a ella. Y si la gravedad deja de atraernos, empezamos a alejarnos, cada vez más rápido, sin frenos. En una caída sin sentido y a la vez tan sentida..."
(Entradas antiguas)

A veces es mejor dejarse caer cariño, dejar que nos empujen y avandonarnos en ese tunel, perdernos en una oscuridad que, sin duda, será rota por una luz, quizás no mejor que la anterior, quizás no definitiva, quizás simplemente renovada. A veces dejarse caer no es, si no, un signo de fortaleza involuntaria, la consecuencia del terrible amor que deberias sentir por ti misma y que deberían sentir los que te rodean hacia ti.

Me han dicho muchas veces algo que voy adecirte yo ahora, y ninguna de esas veces me ha gustado escucharlo ni he querido hacerle caso, supongo que a golpe de porrazo y a base de caidas he aprendido (como los burros, a palos) la razon que se escondia tras esa frase: "no dejes nunca que alguien te haga quererte por debajo de si mismo" Y es que, tesoro, no podremos ser autenticos, no podremos ser felices, no podremos ser nosotros ante nosotros mismos y ante los demás si no aprendemos a valorar quienes somos.

A querer tambien se aprende, y, como todo, se aprende fallando. Pero debes ser capaz de ver los errores, de buscarlos, de valorarlos, ponte nota, calificate en tu forma de querer y, sobretodo, en tu forma de quererte. Porque tienes alrededor gente que te quiere, gente que te quiere de verdad, gente que sufre cuando ve que no te quieres como te queremos, y que sufre cuando dejas que te pisoteen. No lo permitas, no dejes que jueguen contigo, de verdad, y lo mas importante, no dejes que jueguen contigo si tu no estas jugando con ellos.Tu tambien pones las reglas del juego, no dejes que sean los demás los que las dicten por ti. 

Ya te lo he dicho antes, tomate un tiempo, un tiempo para ti, para tomar distancia: mira, valora, y decide.
Pero sobretodo cariño, aprende a ver quien eres, lo que vales, lo que mereces. Aprende a quererte, por favor. 

Algunos ya sabemos cuanto te amamos, 
amate un poquito tu.

martes, 26 de febrero de 2013

La ignorancia de la rosa

INGREDIENTES:
 * 12 rosas, (rojas, si es posible)
* 12 castañas
* 2 cucharadas de mantequilla
* 2 cucharadas de fécula de maíz
* 2 gotas de esencia de rosas
* 2 cucharadas de anís
* 2 cucharadas de miel
* 2 ajos
* 6 cordonices
* 1 pithaya

PREPARACIÓN:
Con cuidado, separar los pétalos de rosas, tratando de no pincharse los dedos, porque (a) es doloroso y (b) si los pétalos se impregnan de sangre, alteran el sabor del plato y puede provocar reacciones químicas peligrosas.

 (Receta de codornices en salsa de rosas
"Como agua para chocolate", )

Pero ¿qué ocurre cuando la sangre ya se derrama?, cuando no has sabido ver la espina que, lenta, sigilosa, suavemente incluso, se clavaba entre los dedos, en medio, en el corazón. Apenas notas un picor y, de repente, parece que cada latido se dirige al foco de dolor, sin piedad, a matar. Y la cascada resulta inevitable, y el rojo se hace dueño, y parece casi que no ves (más allá).

Más allá aparece, como salido de la nada, un vaso de agua fría que te invita a mojar la herida. Que decide limpiar tu sangre. Porque en el centro del dolor no hay nada más. Que o (te) sacan la flor o (te) se hunde(s) en tanta mierda.   

Supongo que una rosa no deja de ser rosa por mucha apariencia que pueda tener de clavel. Supongo que aún así todos tenemos la estúpida tentación de confiar en sus suaves pétalos olvidando los puñales que porta, debajo, con ellos. Y es al abrir la mano y ver la herida cuando te preguntas a ti mismo, sabiendo que no hay respuesta lógica, sin saber muy bien qué sentido puede tener, ¿en qué coño pensabas, estúpido, al mirarla siquiera? 

Y el agua empieza a derramarse entre los dedos.Y con ella el frío se apodera de la zanja abierta. Entra. Y conforme va avanzando retroceden tus lágrimas. Y una sonrisa empieza a dibujarse en tu cara. Alomejor era necesario pincharse con las espinas para que el plato estuviera completo. Igual la reacción que tratabas de evitar se ha convertido en una inyección de adrenalina que no puedes rechazar. 

Que tiemble el fuego que aún hay más petalos que arrancar. Que aún queda rosa por manchar. Que la herida ya no duele. O el dolor se ha hecho tan amable que incluso te sostiene y te invita a seguir adelante. Y te dispones a seguir cocinando el plato, que el almuerzo esta para servirse. Y te lo están sirviendo en bandeja. 

No sabe, la rosa, 
dónde entra a jugar. 
Se siente, la rosa, 
protegida en sus espinas. 
No se ha dado cuenta, la rosa, 
que con cada herida que en tus manos abre  
muere al mismo tiempo su armadura. 

Y cuando abra los ojos y mire hacia abajo,
 apenas tendrá tiempo de ver sus puñales 
esparcidos por el suelo. 
Una mirada a tus manos, 
un breve vistazo a los ojos... 
Y justo cuando empieza a ser consciente de su acto irresponsable, 
el agua que antes te limpió 
ya hierve a su alrededor,
y la deshace.




jueves, 27 de septiembre de 2012

L'amore è il gioco dove due estranei giocano a farsi il danno

1700 
los kilometros que me separan de ti
9900 
los segundos que tardo en volar hasta tu casa
62 
las horas que tarde en encontrarte
180 
los minutos que tarde en alejarme contigo
60 
las horas que pase pensando en verte, y las que soñe que estabas conmigo
7200 
los segundos que espere un ultimo beso
330 
los minutos que llore mientras me marchaba sin ti
335 
los mensajes intercambiados en la distancia
33 
las veces que me has llamado "amor" 
29 
las veces que nos hemos confesado que deseabamos estar juntos
3 
las veces que hemos discutido
2880 
los minutos que pase intentando entender qué nos estaba pasando

380 
horas las que tarde en darme cuenta de que, para ti, todo habia acabado.

lunes, 2 de julio de 2012

Donde empieza el mar.

Luna. Algo está sucediendo
estoy sintiendo que esta vez
me están dejando solo,
al menos solo
como la noche.




Sales a la calle
y te vas al muro
donde siempre hay alguien
donde empieza el mar

jueves, 28 de junio de 2012

Como me de por pensar... Estos días como me de por pensar se que ya no pienso nada más. La boca, los ojos, el pelo (los tuyos) que se me llenan, se me enredan, me hacen un nudo. Me bloquean. Nada más. Hoy me ha dado por pensar y ya no hay nada más (Tu).